viernes, 11 de julio de 2008

INTERSOMOS por Sandra Isabel Payán Gómez

La esperanza que estamos siendo

Las transformaciones de nuestra cultura occidental, entendidas como cambio de paradigma, se expresan esencialmente en la manera como nos relacionamos los seres humanos entre sí y con los demás seres de la Naturaleza. Van emergiendo nuevos valores y nuevas formas de mirarnos que constituyen una nueva ética de vida.

Hemos asumido que la historia de Occidente está avanzando desde un paradigma antropocéntrico hacia un paradigma biocéntrico. Es decir, desde un paradigma en el que el ser humano cree que está por fuera de la Naturaleza y que puede adueñarse, controlar y entenderlo todo, hacia un paradigma en el que el ser humano acepta que le pertenece a la Naturaleza y que es una hebra más del complejo tejido de la Vida.

Creemos en este tránsito cultural gracias a una poderosa esperanza que no depende del mañana impredecible, sino del ahora que ya estamos siendo.

Nuestra esperanza en un mundo mejor es una elección personal que nace de la manera como nos miramos a nosotros mismos. No se fundamenta sólo en evidencias ni sólo en deseos, es una fuerza que nos sostiene y que emerge de una sabiduría que nos trasciende.

Es indudable que con el modelo civilizatorio que vivimos, los seres humanos nos estamos autodestruyendo. Sin embargo, la fuerza de esta esperanza, nos permite saber que existen millones de seres humanos y de grupos sociales que desde actitudes cotidianas concretas y desde decisiones políticas firmes, están haciendo y siendo propuestas de una sociedad diferente y mejor.

Algunos lugares en los que estas propuestas se encuentran para compartirse y potenciarse, son los Foros Sociales mundiales [1] y nacionales, las Asambleas Mundiales por la Salud de los Pueblos [2] y los Laicrimpos [3] .

Este cambio de paradigma lo estamos viviendo en experiencias colectivas, comunitarias y cotidianas que van emergiendo espontáneamente, no como resultado de normas y leyes, sino como parte de nuestra identificación con un sentimiento al que todos le pertenecemos, porque se encuentra dentro de cada uno de nosotros. Sentimiento que hemos llamado, paradigma biocéntrico.

Para la esperanza que estamos siendo, es importante reconocer que este cambio de paradigma, lo estamos viviendo fundamentalmente en nuestros procesos internos y cotidianos, en los intensos caminos de descubrimiento de quiénes somos, y en los emocionantes viajes de regreso a nuestra esencia.

La ciencia se aproxima

La ciencia occidental no es ajena a este cambio de paradigma, ella lleva casi un siglo de rupturas y revoluciones. Los descubrimientos de la Física Cuántica, los nuevos planteamientos de la biología y las matemáticas, la teoría de sistemas, la termodinámica de sistemas abiertos, entre otros conceptos, han dejado sin piso al mecanicismo positivista, que ha sido la manera hegemónica de entender la realidad hasta nuestros días.

Desde la misma ciencia nos estamos dando cuenta que los sistemas vivos no funcionamos mecánicamente. Esta afirmación que ahora nos parece simple e incuestionable, ha sido desconocida y negada en el desarrollo de la ciencia occidental, lo que ha determinado la manera como vemos y tratamos la Naturaleza: la tierra, los ríos, las plantas, nuestro cuerpo…

La nueva ciencia ha descubierto que los seres vivos no se comportan como “mecanismos”, sino como “organismos”, es decir, como “unidades funcionales y estructurales en las que unas partes existen por y para las otras en la expresión de una naturaleza particular, resultado de una dinámica autoorganizativa y autoregenerativa”[4]

Esto quiere decir que los sistemas vivos, incluyendo nuestro planeta y nuestro cuerpo, no se fabrican por separado y se ensamblan después. Surgen en el devenir de la compleja red de relaciones que es la Vida. Y esta red implica un orden dinámico intrínseco que se determina a cada instante, una “racionalidad inherente”, una “conciencia universal”, una sabiduría.

Desde esta nueva ciencia, así como desde nuestras trascendencias íntimas y cotidianas, estamos sabiendo que la Vida se parece más a la pintura espontánea de un niño que se divierte mezclando colores con sus manitas, que al plano preciso e impecable de un arquitecto. La Vida transcurre, más como una comida que hace una abuela encantada, mezclando olores, colores y sabores, que como un experimento de química con dosis exactas.

Somos emergencia de las relaciones entre todos los seres vivos. Nuestra existencia y nuestro desarrollo son parte de la existencia y del desarrollo de todos los seres de la Naturaleza.

Nos hacemos los unos a los otros. Somos parte de la misma historia y de la misma capacidad autoorganizativa. Somos expresión de una sabiduría que nos trasciende. Formamos parte de la misma danza vital.

Nacemos, morimos, nos transformamos, nos mantenemos, por la misma fuerza y con el mismo sentido que le sucede a los árboles, a las estrellas o a las mariposas. Entenderlo nos conmueve, y asumirlo cambia profundamente nuestra mirada y nuestra relación con todos los seres de la Naturaleza, incluyéndonos.

La racionalidad del desconocimiento y del olvido

Desde el paradigma antropocéntrico los seres humanos nos hemos acostumbrado a relacionarnos mecánicamente entre sí y con los demás seres de la Naturaleza.

La fragmentación y el individualismo de esta racionalidad nos han hecho aislarnos de los demás, suponiendo que no tienen nada que ver con nosotros. El mecanicismo nos llena de argumentos para justificar el desconocimiento de nuestra responsabilidad social y de nuestra responsabilidad ecológica, las cuales son una sola responsabilidad.

Así mismo, la lógica de causa efecto, también propia del mecanicismo, nos ha hecho caer en la trampa de la culpabilidad y del merecimiento. Nos olvidamos de la red de la que formamos parte y creemos que las cosas suceden exclusivamente por nuestra voluntad.

Esta racionalidad nos mantiene presos de nuestra irresponsable indiferencia y de nuestro soberbio protagonismo como seres humanos. Sólo es posible superarla si se transforman nuestras maneras de mirarnos y de relacionarnos.

Desde este paradigma creemos que la Vida está fuera de nosotros, que se puede controlar, dominar, poseer y enjuiciar. Entonces suponemos que el cuerpo, la tierra, la comunidad, el conocido y el desconocido, son ajenos, que no son lo que yo soy, que son “lo otro”. Este paradigma justifica la violencia y la guerra como medios y como fines.

Lo más grave es que esta racionalidad mecanicista se mete entre nuestras cobijas e invade hasta nuestra manera de soñar. Nos llena de juicios y de desolaciones, no nos deja ver la vida que somos, nos empuja hacia el desencantamiento.

Afortunadamente la Vida es más hermosa y mágica de lo que nuestros ojos mecanicistas nos permiten ver. La Vida es misteriosamente sabia y generosamente ilimitada.

Intersomos

Superar el antropocentrismo y avanzar hacia el biocentrismo, es asumir que somos en, para y con los otros, es decir, que “intersomos”. Una forma de relacionarnos que va más allá de la interdependencia y que expresa una nueva manera de mirarnos.

Las nuevas maneras de mirar requieren nuevas maneras de decir. “Intersomos” [5]

es una de las nuevas palabras que van emergiendo en este cambio de paradigma cultural. Así como “alegremia” [6] y “corazonar” [7]

Estas nuevas palabras van siendo apropiadas mágica y naturalmente, como si hubieran nacido dentro de cada uno de nosotros. Inspiran nuestro caminar, y nos ayudan a decir lo que sentimos, a encontrarnos y a saber que caminamos junto a muchos más.

Intersomos con los demás seres humanos, con el sol, con las flores, con

las nubes, con el mar… Nos hacemos los unos a los otros, en cada instante. Nos movemos sincrónicamente. Todo lo que nos sucede es expresión de lo que le está sucediendo al Universo entero. Intersomos, no estamos solos, no somos solos.

Nuestro canto, nuestra risa, nuestro llanto y nuestro vuelo le pertenecen a la Vida, forman parte de una misma danza. Por eso, cada instante es un milagro, cada gesto una señal y cada encuentro una cita.

Nuestro devenir es sagrado, así como el de cada árbol, cada hoja y cada gota de rocío. No existimos para cumplir una función específica, para llegar a una meta, ni para ser utilizados para algo ni por alguien. Nuestra existencia es una de las infinitas maneras con la que la Vida se cumple a sí misma.

Las cosas no suceden por nosotros, sino con nosotros, y eso significa que nuestro compromiso con la Vida es tan ineludible como nuestra confianza en ella.

No dirigimos la orquesta, somos una nota más de una sinfonía que se hace a sí misma a cada instante. Sin la nota que estamos siendo, esta sinfonía no sería la misma, pero seguiría siendo sinfonía. Por lo tanto, sólo nos queda entregarnos y reverenciar la Vida que está siendo en nosotros y con nosotros.

Una manera de entender este cambio de paradigma es a partir de la relación entre lo femenino y lo masculino. Desde el paradigma antropocéntrico que parte de la dualidad excluyente de oposición, se sobrevalora lo masculino y se desconoce y desprecia lo femenino, distorsionando ambos conceptos.

Desde el paradigma biocéntrico, que parte de la dualidad creativa de interrelación, se entiende que lo femenino y lo masculino como unidad, son fuerzas constitutivas de la Vida, que no se oponen, sino que se complementan. Lo femenino es el sentimiento de pertenencia y de integralidad, y lo masculino es el sentimiento de autoafirmación y de singularidad. Uno no es sin el otro.

En este cambio de paradigma, estamos recuperando lo femenino, encontrándolo en nuestra propia esencia y sanando la brecha que lo ha opuesto a lo masculino. Es decir, que cambiar de paradigma es recuperarNOS, integrarNOS y sanarNOS.

El interser es uno de los dones de lo femenino, así como lo son: dar vida, tejer redes, conectarse con la sabiduría de la Vida, la sensualidad, la creatividad, sentir e intuir, vivir los procesos como propósitos, y reconocer nuestra naturaleza cíclica.

Asumir que intersomos

Uno de los desafíos más importantes del momento histórico que vivimos, es asumir que intersomos. Es decir, permitir que este sentimiento que está renaciendo, transforme nuestras cotidianidades, las maneras como entendemos la realidad y las formas como nos organizamos en comunidad.

Vamos a descubrir el intersomos reflejado en todos los escenarios de nuestra vida: el íntimo, el de nuestros diferentes haceres y saberes, y el político.

Pertenecerle a la Vida es saber que sólo soy un pequeño remolino de un gran río, y que todo lo que me pasa y que todo lo que siento le pertenece a su fuerza y a su sentido. Asumirlo, me regala la libertad de sentir que la Vida no transcurre por mi voluntad sino con mi existencia, la esperanza de saber que mi presencia tiene el poder del aleteo de una mariposa, y la dicha de formar parte de una Vida que más allá de mí, está siendo y haciendo.

¿Cómo voy a mirar al otro, al árbol, al río, ahora que sé que tenemos un mismo devenir, que nos estamos haciendo el uno al otro permanentemente, y que por diversos que sean nuestros camino y escenarios, formamos parte de la misma historia? ¿Cómo no voy a conmoverme ahora con la existencia de todos los seres de la Naturaleza, incluyéndome?

Lo que le pasa al otro, no sólo me afecta, sino que también me está pasando a mí. Sus transformaciones, emociones, vivencias, dolores y alegrías me hacen y deshacen a cada instante. Lo sabemos con quienes amamos. Ahora, sabemos que ocurre también con quienes no amamos, con quienes ni siquiera conocemos, con quienes ya existieron y con quienes aun no existen, con el río, con la montaña, con el águila…

La Vida es en mí, pero no depende de mí. Más que entender y controlar, se trata de relacionarnos. Y como la relación es el principio vital, lo que nos queda es darnos cuenta que nos relacionamos, para aceptar nuestro irremediable compromiso con la Vida que estamos siendo.

Asumir que intersomos transforma nuestras decisiones, acciones y motivaciones. Emergen nuevos valores como el respeto por la inmensidad a la que le pertenecemos y la gratitud por pertenecerle.

Resignificamos la Vida al ir tomando conciencia que intersomos. Surgen nuevas maneras de entender la salud, la muerte, la enfermedad, la política, el amor… Nuevos conceptos, como “Salud de los Ecosistemas”

[8] , que van recreando este sentimiento y formando parte de él.

Apenas estamos intentando descifrar las profundidades y complejidades de este nuevo paradigma. El camino es incierto, pero el ahora es emocionante y esperanzador, porque está surgiendo al encontrarNOS y al darnos cuenta que la esencia está dentro de nosotros mismos.

¡Que nos transforme la Vida saber que intersomos, porque lo necesitamos con urgencia!



[1] Se trata de una verdadera Asamblea de la Humanidad que se realiza anualmente teniendo como lema “Otro mundo es posible”. El primero de ellos tuvo lugar en Porto Alegre, Brasil, en 2001 y el último (VII Foro Social Mundial) se realizó en Nairobi, Kenya, en enero de 2007. En estos Foros se presentan tanto denuncias al modelo neoliberal como propuestas sociales, económicas, políticas y ambientales que están permitiendo la emergencia de ese otro mundo posible más justo, solidario y sustentable.

[2] La I Asamblea Mundial de Salud de los Pueblos tuvo lugar en diciembre de 2000 en Savar, Bangladesh convocada por diversas organizaciones no gubernamentales. Unos 1500 delegados de 94 países suscribieron la Declaración que constituyó la fundación del Movimiento Mundial de Salud de los Pueblos. La II Asamblea se llevó a cabo en julio de 2005 en Cuenca, Ecuador.

[3] Son encuentros de salud popular que se realizan anualmente a comienzos del mes de noviembre, en diversos sitios del norte argentino, desde 1990. La esencia es el compartir saberes y haceres autogestivos con el espíritu de “la salud en manos de la comunidad”. Participan compañeras y compañeros de Paraguay, Uruguay, Ecuador y otros países.

[4] Brian Goodwin en “Las Manchas del leopardo. La Evolución de la Complejidad” Tusquets Editores, España, 1998.

[5] “Todos somos uno y coexistimos en un continuo de la vida, todos estamos interconectados, interactuamos e INTERSOMOS: ser uno con algo, no estamos por fuera” Mauren Murdock en “La Mujer Sabia: El Viaje de la Heroína”, GAIA Ediciones, Madrid, 1991

[6] Palabra difundida y recreada por Julio Monsalvo. La palabra “Alegremia” (alegría circulando por la sangre) surge de compartir con mujeres campesinas del norte argentino, y luego de otros escenarios, conversaciones acerca de las necesidades realmente básicas para vivir: aire, agua, alimento, albergue, amor, arte, aprendizaje. A partir de estas reflexiones se cuestiona la definición de salud como “un estado de normalidad”, ya que naturalmente se comprende la salud como un proceso que puede ser cada vez más saludable, percibido justamente por la alegría manifestada en lo cotidiano.

[7] Palabra que nos enseñó Vicente Aguilera, amigo y médico ecuatoriano. “CORAZONAR, busca re-integrar la dimensión de totalidad de la condición humana, decir seres humanos es reconocer que estamos formados por razón y corazón. CORAZÓN-AR quiere decir que el corazón no excluye, no invisibiliza la razón, sino que por el contrario, el CO-RAZONAR le nutre de afectividad, a fin de que se descolonice su carácter perverso, conquistador y colonial que históricamente ha tenido”.

[8] “Salud de los Ecosistemas” es una propuesta de Julio Monsalvo, que expresa la concepción de salud que emerge del paradigma biocéntrico. Es un concepto integrador de las propuestas sociales y ecológicas que constituyen el amanecer de este “otro mundo posible”. Asumir la Salud de los Ecosistemas es sentir que le pertenecemos a la Naturaleza y entonces, entender que la salud es una sola, porque los seres humanos somos parte del ecosistema.




http://www.altaalegremia.com.ar/paradigmas/INTERSOMOS.htm

sábado, 28 de junio de 2008

LA INTIMIDAD ( charla de Osho)

LA CONFIANZA EN UNO MISMO Y EN EL OTRO


A todo el mundo le da miedo la intimidad, aunque no sea consciente de ello. La intimidad significa quedarse al descubierto ante un desconocido, y todos somos desconocidos: nadie conoce a nadie. Somos desconocidos incluso para nosotros mismos, porque no sabemos quiénes somos.


La intimidad te aproxima a un desconocido. Tienes que quitarte todas las defensas, porque solo así es posible la intimidad. Pero de eso tienes miedo: si te quitas todas las defensas, todas las máscaras, ¿quién sabe qué hará contigo el desconocido? Todos escondemos mil y una cosas, no solo de los demás, sino de nosotros mismos, porque nos ha educado una humanidad enferma con toda clase de represiones, inhibiciones y tabúes. Y el temor consiste en que con un desconocido – no importa haber convivido con esa persona treinta o cuarenta años: nunca deja de ser un desconocido – resulta más seguro mantener ciertas distancias, ciertas defensas, para que no se aprovechen de tu debilidad, de tu vulnerabilidad.


A todo el mundo la da miedo la intimidad.


El problema se complica aún más porque todo el mundo desea la intimidad. Todos desean la intimidad porque si no, te quedas solo en este universo, sin un amigo, sin un amante, sin nadie en quien confiar, sin nadie a quien abrir tus heridas. Y las heridas no pueden sanar a menos que estén abiertas. Cuanto más se esconden, más peligrosas son: hasta pueden llegar a ser cancerosas.


Por una parte, la intimidad es una necesidad esencial, y todo el mundo la desea. Queremos intimidad con la otra persona, para que abandone sus defensas, sus máscaras y la falsa personalidad, se haga vulnerable, y se muestre al desnudo, tal y como es. Por otra parte, todo el mundo teme la intimidad: deseas la intimidad con el otro, pero no abandonas tus defensas. Este es uno de los conflictos entre amigos, entre amantes: ninguno quiere abandonar sus defensas y presentarse completamente desnudo, con sinceridad, pero los dos necesitan la intimidad.


A menos que dejes a un lado tus represiones, tus inhibiciones –los regalos de las religiones, las culturas, las sociedades, los padres, la educación – jamás podrás intimar con nadie. Y tendrás que tomar la iniciativa.


Pero si no tienes represiones ni inhibiciones, tampoco tendrás heridas. Si has llevado una vida sencilla, natural, no sentirás temor a la intimidad, sino el enorme júbilo de dos llamas tan próximas que casi se convierten en una sola. Y el encuentro es increíblemente gratificante, satisfactorio, pleno. Pero antes de intentar alcanzar la intimidad, has de limpiar tu casa por completo.




Fuente: Libro,"La intimidad"; Autor, Osho; Editorial, Grijalbo



viernes, 13 de abril de 2007

Psicología arquetipica, astrología y autoestima













Genoma
humano o . o - o - o . oCarta Natal Astrológica




Hay muchos afluentes que nos llevan hacia el reconocimiento de nuestro ser-conciencia más profundo, hacia la experiencia de vivenciarnos más auténticamente, hacia el encuentro amoroso (autoestima) con cada uno de los niveles de nuestro ser a integrar y deseos en pugna que los conforman.
Citemos uno de éstos afluentes: “el proyecto del genoma humano”.
Es un logro humano, realmente digno de ser destacado, el que, a través de la investigación, el género humano, haya alcanzado reconocer que cada uno de nosotros, cada ser viviente, tiene un “mapa genético” único e irrepetible, en donde poder recavar información acerca de las cualidades orgánicas y tendencias físico-químicas que nos orienten acerca de posibles enfermedades, que, detectadas su potencialidad, podemos rectificar mediante tratamientos preventivos adecuados. Ya llegará el tiempo de la extensión de éste conocimiento a muchos humanos, de su uso cotidiano en la medicina “prepaga” y aún en las obras sociales. Aparte de tener nuestra “historia clínica”, tendremos el “mapa genético” de nuestro cuerpo a disposición de los médicos que nos atienden. Por ahora es solo una utopía (como lo fue años atrás el pensar en prótesis para roturas de cadera u operaciones de cataratas para mejorar la visión deteriorada, por dar dos ejemplos ). Aún se está en la etapa de control, de aquellos que esperan, con la apropiación (patentes y derechos de autor mediante) de ese conocimiento, detentar poder y hacerse de millones de clientes y dinero circulante. Pero el tiempo hace que los descubrimientos humanos tiendan a ser en mayor o menor tiempo y medida considerados “patrimonios de la humanidad”.
Todavía, y quizá por siempre, el ser humano se caracteriza por buscar conocimientos, y con ellos, buscar preeminencia por sobre otros(1). Es la vieja costumbre, natural por otro lado, de la lucha por la nombrada preeminencia o afán de poder sobre los demás (tanto es así, que aún hoy, algunos se arrogan el derecho de no darle a los niños, incluso ya a mayores de edad, el conocimiento del origen biológico de su existencia, negándoles u ocultándoles quiénes son o fueron sus padres biológicos.
Podemos decir, sí, que el derecho a reconocer nuestro origen biológico (quiénes son nuestros padres y también nuestro “mapa genético”), como el reconocer nuestra historia personal biográfica e histórica familiar y social (ya hablaré, más adelante del “mapa estelar” o Carta Natal Astrológica) es obra de nuestra decisión y responsabilidad de crecer y asumir una autonomía en la que podamos afirmarnos y fundar nuestra “historia de vida”.


Quizá conformarse, no es, simplemente, aceptar sumisamente lo que otros esperan o deciden por nosotros, sino que, con-formarse, sea participar activamente de nuestra formación-educación, junto con la dada por nuestros padres y cultura referencial, y ¿cómo hacerlo?, sino, conociéndonos a nosotros mismos física, psíquica y espiritualmente.
Y, es, conociéndonos a nosotros mismos como podemos crecer en autoestima, porque pregunto….
¿Se puede amar lo que no se conoce, o, más claramente, ese amor, esa autoestima deseada no aparecería con cierta desconfianza y/o temor ante surgimientos desconocidos de nosotros mismos?.
Creo en que se ama lo que se valora,
sólo se valora lo que entra dentro de una (mi-tu-nuestra) escala de valores,
y, sólo entra dentro de una escala de valores lo que se conoce;
lo que no conozco, aprendo y aprehendo queda fuera de mi mismo, como des-conocido, negado, reprimido, latente o como escribió, ya en 1959 Ricardo G. Mandolini Guardo en su, a mi entender, magnífica obra “Historia General del psicoanálisis. De Freud a Fromm” :

“…C. Jung llegó a admitir que en las neurosis podían ser factores
importantes lo sexual reprimido (Freud) y los impulsos de poderío
relegados (Adler), “no debe olvidarse –subrayaba- la religiosidad
reprimida, los dioses olvidados se transforman en enfermedades”,
estos dioses son los arquetipos.” (Pág. 209)

Hoy, año 2007 hemos avanzado mucho en variadas prácticas y técnicas para desarrollar y ampliar la experiencia de contactar con nuestro ser más auténtico. Se hace necesario hacer lugar a contextos en donde poder, a través de estudio y la práctica, conocernos más a nosotros mismos, valorarnos dentro de una escala de valores donde participen tanto la razón como la inteligencia emocional; la adecuación social objetiva como la sensibilidad emotiva subjetiva; la necesidad de supervivencia y el dinero necesario para la misma como las meta-necesidades de verdad, amor, justicia y convivencia cooperativa.

La Carta Natal Astrológica es nuestro “mapa energético”, nuestro mapa de energías arquetípicas, nuestros “dioses olvidados”, nuestras sub-personalidades( el Rey/ reina; la/el Amante, el Guerrero/a, el sabio/a, la Guía interior, el médico (la capacidad autocuradora del ser humano, su capacidad organísmica), el niño/a divino/a y otros). Ellos son nuestras fuerzas internas, nuestras potencialidades, que, en la medida que se las atiende y sienten, respetan y hacemos más concientes, se manifiestan más fluidamente. Su estudio, comprensión y la mayor capacidad de contacto con estas fuerzas internas nos brinda la oportunidad de sentir que, más que defendernos, reprimirlas o resistirnos a ellas, es, conociéndolas y dándoles cabida en nuestra vida “democráticamente”(2) como hallaremos mayor armonía, menos temor y reactividad frente a los demás y más confianza en la vida.
Conocernos a nosotros mismos nos abre la puerta a amarnos a nosotros mismos por “lo que somos”, y no, por lo que los demás, a veces por su conveniencia competitiva, quieren que seamos.
Conocernos a nosotros mismos es amarnos.
Amarnos a nosotros mismos es reconocernos.
Así, tanto el estudio de “nuestro mapa genético” (cuando sea accesible); como el estudio de “nuestro mapa psíquico” (según variadas orientaciones y escuelas psicológicas); como el estudio de “nuestro mapa astrológico” (la Carta Natal, o mapa de energías arquetípicas) conforman un “mapa-trino integrado” donde obtener información de nuestro cuerpo, psique y alma que nos guíe a través del viaje hacia el encuentro amoroso con nosotros mismos. La tan necesaria Autoestima.
Hasta el próximo encuentro.

(1) Existe otra costumbre en el ser humano, también natural, que es el deseo de compartir conocimientos, dones, recursos, amor y buenas noticias.

(2) Es saludable dar lugar, “democráticamente”, esto es ser concientes, de todas nuestras tendencias, sino aquellas que se sientan desplazadas y negadas se opondrán y obstaculizarán a las aceptadas y elegidas como las mejores. Y digo democráticamente y no “integralmente” para hacernos reflexionar sobre la analogía que existe entre el sistema social y el sistema psíquico.

Javier Ignacio Álvarez
Consultoría psicoastrológica
javieralmach@arnet.com.ar


miércoles, 4 de abril de 2007

Psicología Arquetípica: Bella/o durmiente 2ª parte

(ver 1ª parte)

El castillo: la “parte” que hemos construido para “protejernos”, representa a nuestra autoimagen, aquello con lo cual nos identificamos y nos da identidad. Es la imagen que mostramos, también, a los demás, detrás de la cual está la bella durmiente… soñando. Es la máscara, los roles, el status, los atavíos, con que vestimos nuestra vulnerabilidad, nuestro verdadero ser, con sus necesidades y sentimientos (el interior del castillo). Es, también, la necesaria estructura personal, el cuerpo que se habita y la individualidad, que “guarda” dentro de sí, lo más preciado… el alma. Muros de piedra, puertas de hierro, ornamentos de oro, ventanas, torres, banderas… en fin, aquí, es donde están las corazas y rigideces, el orgullo y vanidades, como así también, las puertas, ventanas y terrazas que nos comunican con los demás (sino el príncipe, ¿por dónde entra?).

El dragón: es la “parte” que no deja entrar al castillo, que defiende las estructuras que fueron construidas. Representa, psicológicamente hablando, los mecanismos de defensa, las resistencias, a favor de seguir manteniendo las corazas… y seguir durmiendo. Es todo aquello con lo que asustamos a los que se acercan al castillo queriendo ingresar. Es, también, la potencia y la sabiduría que conoce como entrar al castillo. A favor de seguir durmiendo, lo defiende, a favor del despertar, da el poder, "la llave", la sagacidad al príncipe para que éste entre en él y encontrar en su interior a la belleza durmiendo, abrazarla, y, con un beso amoroso, despertarla a la Vida Real.


Bien, sigo rumiando, percibo que todos los seres humanos, mujeres y varones, tenemos a estos cuatro personajes conviviendo en nuestro interior. Con algunos de ellos nos identificamos, con otros no…relegándolos al inconciente ("proyectándolos" quizá, en alguien de nuestro entorno), podemos también, cada tanto, cambiar de identificación.


Podemos sentir que somos soñadores, y que solo falta que se den “ciertas circunstancias especiales”, o, que nos encuentre “la persona indicada”, para que nuestros sueños se cumplan.
Podemos ver “dragones”, enemigos, que no dejan que se produzca el encuentro amoroso entre lo que deseo (príncipe) y lo que sueño (bella durmiente).
Podemos pasar la vida –sin sentimientos a la “vista”- regodeándonos de nuestros dones (ornamentos de oro), sin soñar, sin buscar, sin pelear.
Podemos pasar nuestra vida defendiendo la estructura que hemos construido y diciendo: “yo soy así”, “no voy a cambiar ahora”.
Podemos pasar mucho tiempo peleando con dragones, ganando en odio, frente a aquellos que no satisfacen mis deseos, y así continuar hasta que sentimos salir fuego de nuestras fauces voraces.
Podemos sentirnos agresivos, malvados o idiotas y culpables, fascinándonos así, con la libertad, utopías e idealismo de otros.
Podemos sentirnos ganadores o perdedores esperando que termine, o no, “el cuento”.
Podemos vivir creyendo que tenemos todo este asunto claro, criticando a todos aquellos que no se dan cuenta de cómo ser felices.
En fin, los invito a “ver” las mil y una noches, perdón, las mil y una posibilidades en que nos “colocamos”. ¿Qué personaje actúo?, ¿Con cuál me identifico concientemente?, ¿Cuáles rechazo? Y ¿Cuáles proyecto en otras personas?.


Soñador, visionario, bondadoso, salvador, víctima, misterioso, reservado, soberbio, orgulloso, digno, dormilón, poderoso, impotente, cruel, malvado, honorable, traidor, sabio, envidioso, profeta, humilde, valiente, cobarde, mentiroso, creativo, rígido, profundo, vulnerable, gozoso…y mil guiones más.
Si reconozco todos los personajes en mí, percibo y comprendo que los otros también tienen, son, conciente e inconcientemente todos los personajes (todos “tenemos” los diez planetas y los doce signos en la Carta Natal) y que todos estamos ante el mismo desafío: realizar el encuentro interior.
Siendo así (por ahora no es más que una hipótesis a seguir siendo investigada), la convivencia entre seres humanos, sea cual fuere la relación, sería menos un cúmulo de proyecciones, encantamientos, ilusiones, desilusiones y, cuando no, manipulaciones y más el sano ejercicio de ayudarnos fraternalmente a realizar el viaje de encontrarnos con nosotros mismos y ser más íntegros, completos, enteros.
Nosotros “elegimos” - ¡Oh Dios! incluidas pautas familiares, sociales, culturales, barriales, escolares, religiosas, políticas, raciales, arquetipicas, y de cuanto ser se haya cruzado en nuestro camino (incluyo extraterrestres)- “elegimos” decía; qué proyectar “afuera”, y así tomar el camino del encierro, la búsqueda repetida, la agresividad defensiva o seguir soñando eternamente… o, quizá, si nos animamos a hacer el viaje, observar todos estos personajes viviendo en nuestro interior, aceptarlos, darles un lugar, y así, elegir el camino de amarnos en totalidad y despertar a la Vida.
Hasta pronto, a seguir rumiando y…despertando. Mientras tanto… felices sueños.


Javier Ignacio Alvarez

Consultoría Psicoastrológica


lunes, 2 de abril de 2007

Psicología Arquetípica: Bella/o durmiente 1ª parte

Suena el despertador…para la bella/o durmiente (1ª parte)

Desde
S. Freud (1856-1939), y, más profundamente, a través de C. Jung (1875-1961) y J. Campbell (1904-1987) se ha ido imponiendo el estudio de los mitos y las historias clásicas como herramienta para la comprensión del mundo interno, la psique.
Creo que, para muchos, pueda ser interesante el estudiar y “rumiar” los mismos desde una perspectiva holística (perspectiva que busca ver complementariedad entre “el todo” y “las partes”). Así, una unidad en sí misma (el cuento, mito u historia) –el todo-, se ve desplegada en los distintos personajes –las partes-, los que interactuando entre sí, dan matices parciales e integradores a la estructura o sistema de mayor complejidad (el mito en cuestión).* (Ver abajo)
Análogamente, podemos estudiar los mitos, cuentos de hadas, obras clásicas, etc., como historias de la experiencia humana personal. Esto es, los distintos personajes del cuento o mito (hoy decimos película) como partes de cada uno conviviendo en nuestra cotidianeidad: en nuestro interior como conciencia e inconciencia, o en nuestro entorno, como personas con las cuales tenemos relación.

Hoy voy a “rumiar” el cuento “La Bella Durmiente”, y voy a tomar solo algunos de los personajes, los demás podemos ir descubriéndolos a medida que el viaje interior vaya tomando significado para cada uno.


La bella durmiente: una “parte” de todos, femenina, hermosa, tierna… que duerme eternamente… hasta que… ( luego reuniremos a las “partes”). Es la parte que duerme… que sueña, ¿con qué? …, con despertar; siempre y cuando llegue aquella “parte” que la despierte, es aquella parte que espera ser rescatada, redimida, deseada, y sueña y espera, y duerme, llena de sueños por realizar, de sueños hermosos, de felicidad, de amor, de arrobamiento. ¡Ah!, el mundo de los sueños, visiones, ideales, ilusiones, ¡que maravilloso!; pues a seguir soñando, se está tan lindo en esta situación, en este estado. – “Sueño que algún día”. – “¿Cuándo?”. – “Cuando se haga realidad”. – “Sí, ¿pero, cuándo?”. Y, así, a la espera…nza de que un sueño sea realidad. Esta parte espera, espera, espera, y duerme, duerme, duerme eternamente.


El príncipe: una “parte” de todos, masculina, valiente, decidida… que anda por el mundo buscando “esa” oportunidad de convertirse en héroe, ésta es su consigna; buscar: libre, sin ataduras, la oportunidad que lo haga digno y triunfante, ver satisfechos sus deseos, buscando, buscando, buscando, y al fin se presenta la oportunidad… ( luego reuniremos a las “partes”). Es la parte que es fuerte, amante de los desafíos y las conquistas, autoafirmativa, dispuesta a vencer adversidades, con gran autoestima, avanza, avanza, avanza y las oportunidades aparecen… y sigue avanzando, buscando…. – “¡¡Eh!!, acá está”. – “¿Qué?”. – “¡El logro!, ¡Lo que lograste!”. – “¡¡Ah, sí!!, y… ahora ¿qué se hace?.


En la 2ª parte presentaremos a “El castillo” y a “El dragón” y reflexionaremos sobre la interacción de todos… ¡en nuestro interior!
Hasta pronto, a seguir rumiando y… despertando. Mientras tanto… felices sueños.

* Como el Sistema Solar se ve conformado por el Sol y los planetas, así, análogamente, podemos estudiar la psique humana conformada por distintas capacidades, cualidades y funciones, alrededor de un “ego” organizador y dador de cohesión.
Esta es una forma de estudiar la Carta Natal como herramienta de Autoconocimiento. Observar a los planetas ( y sus contenidos simbólicos) como personajes internos, cada uno de ellos con su respectivo guión (ubicación por signo y casa) y observar sus relaciones con los demás (aspectos). Luego, una segunda apreciación, sería estudiar los “capítulos” o “actos” de la obra en cuestión –nuestra vida- con las herramientas temporales o los llamados "ciclos de vida" (tránsitos y progresiones).




Javier Ignacio Alvarez
Consultor PsicoAstrológico
E-mail:
javieralmach@arnet.com.ar